
En las ramas de los árboles estaban historias que yo contaba a los más pequeños.
También estaban en las hojas secas que caían en el otoño, y nos preparaba al invierno que solo tus labios sabían calmar.
No importaba dónde nos tocará el invierno, si estábamos en manada era más acogedor.
La luna me recuerda tu poesía en Italia, cuando la arena se metía en la carpa de aquel desierto, y dónde había un árbol que florecía con el amor.