Nos quedábamos viendo desde la atmósfera dónde nos íbamos a recontrar, sí en la isla de los gigantes de escarcha, y sí nos veríamos por primera vez en las montañas de huesos.
A veces jugábamos a irnos al balcón con el piso de la luz y la oscuridad, donde las copas de los viejos árboles nos veían perdidos apreciando el atardecer…
Desde la ventana veo las hojas caer a la orilla del lago, el sol alumbra la habitación vacía de estas paredes blancas, 164 eclipses en las masmorras.

