En la profundidad del universo existía un ser indefenso. Viviendo en lo más profundo de un gusano negro, con los ojos cubiertos.
En un río de sangre lavó su cabello y renacieron constelaciones de sus raíces. Se le veía danzando en las espinas de los rosales, en la complejidad de los pensamientos mortales y sus deslices vanales.
«En sus ojos brillantes lleva lágrimas estelares, esta pintada de miedo y arropada con viejos telares.»

El miedo se fué con el viento y las hojas del otoño, la sal del llanto sazona el alimento de los cometas y baña a las estrellas. No hay telares, ya que desnuda va por el cosmos, presumiendo sus mágicos y únicos lunares.
«Ella añora regresar aquel lugar de luz y tranquilidad, demonios y seres del infierno la siguen por la eternidad.»
Nuestros propios demonios siempre nos seguirán, hasta no entender que viven dentro para aprender y renacer, nos intentarán vencer. Nunca dejés a tu ser oscurecer.
En lo muy profundo de nuestras memorias vivirán, pero no por ello son quiénes nos gobernaran.
No me siguen, conviven.
No hay miedo, hay audacia y en este viaje a veces se combate a la falacia. Ve y toma el medicamento, ve a tu farmacia, cura tu necedad de no confíar en tu acrobacia.
Cargo rosas y flores del jardín prohibido, las espinas no lastiman más y desprenden un aroma especial…
Dance with me in the moonlight.
