Cambiando el otro día sentí rabia por el abuso ajeno y la impunidad desorbitante que vivimos a diario.
En la Ciudad de México hay lugares en el centro histórico donde puedes encontrar mercancía variada como juguetes, vestimenta, gastronomía, utensilios de comida y un sinfín de tiendas que ofrecen productos de diferentes sectores a precios accesibles.
Cuando pasaba por una calle que vende luces de adornos navideños estaba una señora al parecer de la tercera edad vendiendo las famosas calaveritas de azúcar, aquellas que son tradición en el día de muertos (festividad del patrimonio de la humanidad); de pronto llega una patrulla de servidores públicos para llevarse la bandeja de calaveritas confiscadas por no tener permiso de venta pública.
Sin exagerar 7 policías involucrados en este acto estúpido (y disculpen pero no hay otra palabra para expresarlo), subiendo la charola de la señora con su mercancía a la patrulla.
¿En real?, 7 servidores públicos realizando la gran Azaña del día quitándole una charola de calaveritas de azúcar a una señora por no cumplir con un permiso.
Sí, es real.
Vivimos en un país donde se usan servidores públicos en contra de la venta de tradiciones, en donde es más importante confiscar dulces que drogas, vivimos en un lugar donde el abuso se convierte en realidad para muchos mexicanos, donde la justicia sólo funciona para aquellos con poder y referencias.
¿Qué hice para ayudar a la señora?, nada.
Por cobarde, porque si ayudas al indefenso te arrastran a la miseria, donde si defiendes al que es abusado termina una sentencia peor. En los tiempos donde el crimen de la tradición es más que el crimen del abuso.
Hermosa mujer, ojalá pudiera ayudarte.
Discúlpame.
